logo Mario German

2018-11-19

El derecho a la protesta para generar cambios institucionales

Hoy, cuando comenzamos a transitar por el pedregoso camino de la paz, sin haberse consolidado, surge la iniciativa de marchar en contra de la corrupción.

El derecho a la protesta para generar cambios institucionales

La protesta es un derecho constitucional y ante todo un deber ciudadano. Es regularmente, la expresión de que algo marcha mal. Por eso, estoy de acuerdo con la iniciativa de marchar en contra de todo aquello que afecte el libre desarrollo de la institucionalidad en especial de la democracia.

Quienes se involucran en una marcha de protesta guardan el anhelo de ser escuchados por quienes tienen el poder de tomar decisiones. Cuánto quisiera que quienes promueven este tipo de manifestaciones definan con meridiana claridad la línea de identidad. El objetivo.

El ejemplo vale la pena repetirlo: La protesta realizada, el 4 de febrero de 2008 y que se denominó ‘un millón de voces contra las Farc’. En ese momento, organizaciones de carácter cívico y muchos estamentos de la sociedad, se unieron a dicha movilización extendiendo su influencia hacia distintas partes del mundo bajo el lema ‘Colombia soy yo’.

Lograron el propósito: crear la unión de fuertes sentimientos de rechazo contra la guerra en el país. El objetivo fue claro.

Hoy, cuando comenzamos a transitar por el pedregoso camino de la paz, sin haberse consolidado, surge la iniciativa de marchar en contra de la corrupción. Un cáncer que pareciera estar enquistado en lo más profundo de la médula de la sociedad colombiana. De este tema nada es nuevo. La historia nos ha enseñado que desde los tiempos de la Gran Colombia, ya se ventilaba la posibilidad de castigar con pena de muerte a quienes cometieran cualquier ilícito contra dineros públicos.

He leído con suma atención los informes de la prestigiosa organización no gubernamental “Transparencia Internacional”. Ella señala que nuestro país está clasificado entre los de mayor índice de corrupción. Por eso, independientemente de si marchamos o no, me sumo a los abanderados que rechazan la aparición de este “cáncer” en todas sus manifestaciones.

Prácticas como la inadecuada mala administración de los recursos públicos, el clientelismo y la baja calidad en la prestación de los servicios estatales es una clara demostración del mal que nos aqueja.

No hay que desconocer, sin temor a equivocarnos, que uno de los grandes aliados del “Cáncer de la corrupción” son las actividades privadas donde sus voceros, de manera oportunista han recurrido dolosamente a este tipo de conductas en el ánimo de quedarse con los negocios de estado a como dé lugar.

Por lo tanto, soy reiterativo al manifestar que el ejercicio de la actividad política se desarrolle en medio de los más altos valores de la nacionalidad pensando siempre en el fortalecimiento de la democracia y por supuesto en el bien común.

Los invito a que construyamos un manual de mejores prácticas para la política, donde como actores le digamos al país y a toda la comunidad que los respetamos. Que deseamos actuar con transparencia. Que iniciamos un examen de conciencia. Que queremos unir lo público con lo privado. Que queremos cambiar de actitud actuando con sentido de pertenencia y generando confianza para que el ejercicio de nuestras actividades permita que Colombia sea más competitiva.

Es en el Congreso de la República el escenario donde está la oportunidad para realizar los cambios que Colombia necesita. Me comprometo, desde la Cámara de Representantes, a ser artífice de la nueva Colombia. La Colombia Transparente.

¿Deseas acompañarme en este propósito? Déjame tu opinión por favor.

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